jueves, 22 de enero de 2026

La tensión entre el poder y la ética: del ámbito filosófico a la Operación «Absolute Resolve»


 Por Fernando Cabrera

La cuestión de si la política debe tener una dimensión moral es uno de los dilemas más persistentes del pensamiento humano. Lejos de ser esferas excluyentes, ambas coexisten en una tensión dialéctica irreductible: mientras la política organiza la vida en común a través del poder, la moral actúa como instancia de legitimación ante el ideal de justicia. Como señalaba Aristóteles en su Política, el Estado no existe simplemente para asegurar la vida, sino para garantizar una «vida buena»; por tanto, la política es, por esencia, una extensión de la ética aplicada al bienestar colectivo.

Históricamente, esta visión ha sido desafiada por el realismo político de cuño maquiavélico. En El Príncipe, Maquiavelo sentenció que el gobernante debe «aprender a poder no ser bueno» si las necesidades del Estado así lo requieren. Si bien el pragmatismo es inherente al cargo, reducir la política a una técnica despojada de valores provoca una fractura ontológica. Al sacrificar principios en nombre de una supuesta eficiencia, se deshumaniza el cuerpo social y se reduce al ciudadano a lo que Immanuel Kant denunció como la instrumentalización del ser humano: un simple medio para un fin y no un fin en sí mismo.

Frente a esta deriva, la tradición normativa sostiene que los derechos humanos no son accesorios del poder, sino límites infranqueables a su arbitrariedad. Sin un fundamento ético sólido, la política se desnaturaliza; deja de ser el arte de la convivencia para convertirse en una tecnología de opresión. En este contexto, la corrupción y la tiranía no son meros errores administrativos, sino fuerzas que disuelven el contrato social y anulan el verdadero capital de las naciones: la confianza.

La síntesis más adecuada para nuestra época acaso es la «ética de la responsabilidad» (Verantwortungsethik), propuesta por Max Weber. Según esta, el político moderno debe responder por las consecuencias previsibles de sus actos, operando en un equilibrio donde la política sea moral en sus fines —justicia y libertad— y responsable en sus medios. En las sociedades pluralistas actuales, la legitimidad no solo emana del voto, sino también del respeto irrestricto a la dignidad humana. Una política sin moral es solo fuerza bruta; una moral sin política es impotencia estéril.

Este debate teórico encontró una manifestación tangible el pasado 3 de enero de 2026. La captura de Nicolás Maduro y su traslado a Estados Unidos en la operación militar «Absolute Resolve» personifica la resolución por la fuerza de esta tensión histórica. Desde una perspectiva idealista, su reclusión en una prisión federal de Nueva York, donde se le acusa de narcoterrorismo y conspiración, se interpreta como la victoria de la justicia sobre la impunidad. Esta detención demuestra que el poder no es un mandato absoluto, sino una responsabilidad sujeta al contrato social. En última instancia, este traslado trasciende lo meramente procesal, ya que reafirma que los derechos fundamentales constituyen un límite infranqueable para cualquier gobernante.

No obstante, el carácter unilateral de la intervención reaviva el dilema weberiano sobre los medios. El despliegue militar de una potencia con histórica vocación expansiva despierta suspicacias, ya que se percibe tras la retórica de liberación los vestigios de la Doctrina Monroe y un interés pragmático por los recursos naturales, en este caso, energéticos. Así, mientras los realistas celebran la eliminación de un obstáculo para la estabilidad regional, los globalistas cuestionan la legitimidad y la arbitrariedad del método y advierten de que el uso discrecional de la fuerza podría erosionar los cimientos del derecho internacional y la soberanía nacional.

En este nuevo contexto, la legitimidad de la transición venezolana depende de que el proceso judicial de Manhattan se lleve a cabo con estricto rigor técnico y de que el vacío de poder en Caracas se cubra con una institucionalidad pluralista. Dicha reconstrucción debe trascender tanto el ejercicio de la fuerza como la preeminencia de intereses externos sobre la autonomía nacional. La comparecencia de Maduro ante los tribunales traslada la discusión sobre la moralidad política del ámbito teórico al de los hechos procesales. En adelante, el sistema de justicia tiene el imperativo de ratificar su integridad, garantizando que el fin de la restauración democrática sea coherente desde el punto de vista técnico y ético con los principios que motivaron la intervención.

En conclusión, la operación «Absolute Resolve» se perfila como el escenario en el que se evaluará la solidez del orden liberal contemporáneo. Su éxito histórico no se medirá por la eficacia táctica de la fuerza, sino por la capacidad de convertir un acto de poder en un precedente de legalidad universal. Solo si el ejercicio de la autoridad se subordina efectivamente a la ética de la responsabilidad, la política podrá dejar de ser un mecanismo de dominio y consolidarse como el instrumento de salvaguarda de la dignidad humana que la comunidad internacional exige.

#Maduro #Cilia #Venezuela #USA #AbsoluteResolve 

lunes, 12 de enero de 2026

Deudas de antaño y riesgos de hoy: el dilema del pago por obras sin contrato




Por Fernando Cabrera

 

Esta mañana, mi intención al revisar las redes sociales era, lo juro, acercarme a temas de arte y poesía, buscando un respiro del ruido cotidiano. Sin embargo, acabé siendo irremediablemente capturado por la absurda persistencia de nuestra realidad sociopolítica. A pesar de mi resistencia, la extrañeza del último acto de nuestros legisladores se impuso, obligándome a reflexionar sobre un tema que trasciende la actualidad.

A simple vista, la reciente decisión del Congreso de aprobar con carácter de urgencia un proyecto de ley para autorizar el reconocimiento y pago de deudas estatales por obras públicas ejecutadas sin contrato formal desde 1996 podría interpretarse como un acto de justicia administrativa. No obstante, al analizar las implicaciones de esta medida, resulta evidente que pone a prueba la solidez institucional del país. Lo que se presenta como una solución técnica a pasivos históricos reabre, en realidad, una vieja herida sobre la delgada línea que separa la responsabilidad del Estado de la posible legitimación de prácticas corruptas y clientelares.

La base argumental para validar estos pagos, que en algunos casos se remontan a varias décadas, se sustenta en el principio de seguridad jurídica y en la doctrina del enriquecimiento sin causa. Bajo esta lógica, si una infraestructura ya sea un puente, una escuela, un hospital o una carretera ha sido efectivamente construida y el Estado la está utilizando, negarse a honrar dicha deuda constituiría un acto ilícito por parte del propio Gobierno. El contratista, supuestamente, habría actuado de buena fe y el Estado no puede beneficiarse del trabajo ajeno sin la debida contraprestación.

Sin embargo, este razonamiento choca con la realidad ética y administrativa de la gestión pública. La pregunta que surge de inmediato es si se trata realmente de justicia o si estamos ante un mecanismo para blanquear las irregularidades del pasado. Al operar fuera del marco estricto de la Ley 340-06 de Compras y Contrataciones, estas deudas carecen de la transparencia mínima exigida. La ausencia de un contrato formal implica que no hubo licitación, que no se establecieron presupuestos claros y, lo que es más grave, que no existen mecanismos para verificar si la selección de esos contratistas se realizóconforme a criterios de mérito o como un favor político de administraciones anteriores.

Uno de los aspectos más controvertidos de esta ley es la intrínseca vulnerabilidad del sistema de auditoría. Ante deudas de tal antigüedad, la capacidad de la Contraloría General o de la Cámara de Cuentas para ejercer una fiscalización rigurosa es, en la práctica, nula. ¿Cómo es posible auditar hoy la calidad de los materiales empleados en una obra finalizada hace décadas? ¿De qué manera se podría verificar si los costos facturados en aquel entonces no fueron inflados de forma desproporcionada? La imposibilidad de ejecutar auditorías forenses efectivas convierte este proceso en un cheque en blanco, con el riesgo inminente de legitimar pagos por las denominadas obras fantasmas o infraestructuras con sobrecostos estructurales.

A esto se suma el complejo y determinante tema de la prescripción. En la legislación dominicana, si bien el derecho a reclamar el pago de obras al Estado suele regirse por la prescripción de veinte años establecida en el artículo 2262 del Código Civil, existen también plazos de prescripción mucho más breves dependiendo de la naturaleza del crédito. Por ello, diversos analistas coinciden en que revivir obligaciones que datan de hace tres décadas mediante una ley de excepción constituye un traje a la medida. Esta maniobra parece diseñada para favorecer a grupos económicos y sectores de poder específicos, quienes habrían aguardado el momento político oportuno para validar y cobrar acreencias que, bajo el marco legal ordinario, ya habrían caducado.

La aprobación de esta ley se produce en un momento crucial. Recientemente, el país ha recibido reconocimiento internacional por su compromiso con la independencia del Ministerio Público y por la significativa recuperación de fondos públicos a través de casos emblemáticos de lucha contra la corrupción. Los informes de organismos multilaterales han elogiado estas mejoras en los índices de percepción de la transparencia, lo que ha fomentado un clima más seguro y previsible para la inversión extranjera.

Empero, esta nueva iniciativa legislativa amenaza con empañar dichos avances. La persistente percepción de impunidad y la sensación de que se están diseñando atajos legales para beneficiar a sectores políticos y empresariales con vínculos en el pasado generan serias dudas sobre la coherencia del sistema. Para los inversores extranjeros y los organismos internacionales, la predictibilidad y la coherencia jurídica son fundamentales. No es viable luchar eficazmente contra la corrupción actual mientras se institucionaliza la opacidad del pasado mediante leyes de urgencia. Este desequilibrio socava la credibilidad ganada y plantea cuestionamientos sobre la dirección a largo plazo de la gobernanza dominicana.

El temor latente que se desprende de esta normativa no radica necesariamente en la intención de sanear las cuentas del Estado, sino en su extrema vulnerabilidad operativa. Aunque el Estado tiene el deber moral y legal de honrar sus compromisos legítimos, el reconocimiento masivo de acreencias sin un proceso de auditoría pública, transparente y riguroso, corre el riesgo de convertirse en un mecanismo de transferencia de fondos públicos hacia intereses privados cuestionables.

En última instancia, el costo de esta ley podría ser muy superior al monto financiero de las deudas en sí. El verdadero precio sería la erosión de la confianza ciudadana, cuya recuperación ha demandado años de esfuerzo institucional. Si el proceso de pago no se acompaña de una transparencia absoluta y de una rendición de cuentas que justifique detalladamente cada expediente, se enviará un mensaje peligroso: que, en la administración pública dominicana, tarde o temprano, la irregularidad siempre termina siendo recompensada.

viernes, 19 de diciembre de 2025

¿Fusión MESCYT-MINERD: Evolución Educativa o Retroceso Institucional?


La integración de estos ministerios solo será acertada si su propósito es robustecer la inteligencia del sistema educativo y no meramente reducir su estructura. Priorizar el ahorro en infraestructuras a costa de sacrificar la especialización técnica, científica y tecnológica del MESCYT representaría un error histórico para el desarrollo nacional.

En el escenario actual, los riesgos de centralización burocrática y la posible dilución de recursos especializados superan los beneficios proyectados, lo que explica el rechazo de amplios sectores académicos. Para que esta iniciativa sea viable, el Congreso Nacional debe fomentar un diálogo plural que ofrezca garantías jurídicas y operativas explícitas.

De avanzar contra marea este proyecto, sería imperativo establecer una “Integración Estratégica Gradual” (de 3 a 5 años) bajo supervisión internacional. El éxito de esta reforma no debe medirse por el ajuste fiscal, sino por el impacto real en la calidad se la educación en el aula y el fortalecimiento de la investigación académica.

#educación #MESCYT #MINERD

miércoles, 17 de diciembre de 2025

A LA SOCIEDAD DOMINICANA, Leonardo Da Vinci.



La Asociación Leonardo Da Vinci, Inc. se dirige

a la sociedad dominicana con profundo dolor

y consternación para expresar, una vez más,

sus más sinceras condolencias a la familia de

Stephora Anne-Mircie Joseph Raphael, así

como a sus seres queridos, compañeros de

clase, profesores y a toda la comunidad

educativa que hoy guarda luto por su

irreparable pérdida.


Este fallecimiento ha dejado una huella

profunda de tristeza que compartimos con

respeto, empatía y recogimiento. Nada de

lo que se exprese puede aliviar el dolor de

su familia, a quienes reiteramos nuestro

acompañamiento humano y solidario en este

momento tan difícil.


Desde el primer momento del trágico y

lamentable incidente ocurrido el pasado 14

de noviembre, hemos estado colaborando

y continuaremos colaborando de manera

responsable con las autoridades competentes,

dentro del marco que la ley establece.


Confiamos plenamente en el sistema de

justicia y en que el proceso en curso permitirá

esclarecer los hechos con verdad y rigor.

Somos conscientes de la preocupación que

este caso ha generado en la sociedad. No

obstante, la investigación estuvo en una

fase legalmente reservada, y habíamos

sido debidamente instruidos a no emitir

declaraciones que pudieran interferir con su

desarrollo. Este deber de prudencia ha sido

asumido con el respeto que la situación y las

autoridades merecen.


Reiteramos que la Asociación Leonardo

Da Vinci, Inc. no elude ni eludirá las

responsabilidades que legalmente pudieran

establecerse, y actuará conforme al derecho

ante cualquier determinación que emane de

las instancias correspondientes.


Hacemos un llamado respetuoso a los medios

de comunicación y a la opinión pública a tratar

este hecho con la sensibilidad que amerita,

resguardando la memoria de Stephora y

el bienestar emocional de su familia y de

nuestra comunidad educativa. La difusión de

información no verificada o especulativa solo

profundiza el sufrimiento de quienes están

directamente afectados.


En medio de este dolor, reafirmamos nuestro

compromiso de acompañar a nuestros

estudiantes, docentes y familias, así como de

continuar revisando y fortaleciendo nuestros

protocolos de seguridad, con el propósito

de garantizar el mayor cuidado posible de

quienes nos han sido confiados.


Nada de lo expresado disminuye la gravedad

de esta pérdida ni pretende justificar lo

ocurrido. Hoy, nuestra prioridad es el respeto,

el acompañamiento y la responsabilidad.


Directiva 2025-2027


Eduardo Estevez Bretón

Presidente


Ingrid Díaz Gatón

Vicepresidente 


Arístides Trejo Liranzo

Secretario de Acta


Juan Luis Bojos Bisonó

Secretario de Finanzas y Tesorería 


Eduardo Antuñano

Secretario de Administración 


Pablo Peña Peralta

Secretario de Organización 


Pablo Guillermo

Secretario de Relacuones Públicas


Rosa Hidalgo Disla

Suplente


Frank Rodríguez Camacho

Suplente



sábado, 13 de diciembre de 2025

MOLINA, SUS AMIGOS Y EL BANCO POPULAR DOMINICANO: una noche de armonía inolvidable


 Por Fernando Cabrera

El Banco Popular Dominicano, con profundas raíces en Santiago de los Caballeros, nació en la década de los sesenta con la misión de democratizar el sistema bancario e inyectar el dinamismo de la iniciativa ciudadana. Su identidad es tan cibaeña como el merengue típico, la bachata y las Águilas Cibaeñas. Esta conexión intrínseca ha forjado una tradición entrañable: la de congregar a amigos, clientes y relacionados para celebrar la música y la conversación que fluye en amenos reencuentros.

Hace un año, el concierto conmemorativo del 60.º aniversario de la orquesta fue un evento verdaderamente apoteósico. El programa central estuvo dedicado a la Sinfonía n.º 5 en do sostenido menor de Gustav Mahler. Esta monumental obra, compuesta entre 1901 y 1902, se considera una de las sinfonías más importantes del siglo XX. Marcó un punto de inflexión crucial en la trayectoria del compositor al ser su primera sinfonía puramente instrumental en mucho tiempo.

La pieza se caracteriza por una narrativa intensa que evoluciona desde una trágica marcha fúnebre inicial hasta un final jubilatorio, explorando temas de lucha y triunfo. Sobresale su famoso y emotivo Adagietto, una pieza de inmensa riqueza orquestal y profundidad emocional que Mahler concibió como una carta de amor a su esposa, Alma Schindler, y que hoy es una de sus obras más interpretadas y apreciadas. Esa vez, la Orquesta Sinfónica Nacional, bajo la brillante dirección del maestro José Antonio Molina, ofreció una interpretación magistral. Su pureza y excelencia clásicas dejaron completamente anonadado al millar de asistentes que llenaban la sala Restauración del Gran Teatro del Cibao.

En esta ocasión, la magia se repitió el jueves 11 de diciembre con el concierto “Molina y sus Amigos”. El evento fue diseñado para satisfacer una variedad más amplia de gustos, presentando un programa ecléctico que logró fusionar la excelencia de la música sinfónica con el espíritu de la época navideña y los festivos ritmos populares dominicanos.

Créanme, hubo de todo, satisfaciendo a la audiencia con un repertorio diverso que incluyó: “La obertura Yaya” de raigambre afrocaribeño del maestro José Antonio Molina; merengues memorables como un popurrí de temas de Julio Alberto Hernández, “Ella” de Luis Rivera, “Caña Brava” de Toño Abreu, “Pa’ Bocó” de Manuel Sánchez Acosta y “Ay mujer” de Juan Luis Guerra; boleros clásicos como “Dilema” de Juan Lockward, “Al retorno” de Bienvenido Brens, “Y” de Mario de Jesús, “Evocación” de Papa Molina y “Por amor” de Rafael Solano; baladas románticas como “Abril 21” de José Antonio Molina; piezas sagradas como “Oh Holy Night” de Adolphe Charles Adams y “Joy to the World” de Isaac Watts; y finalmente, baladas profanas y temas de temporada, como “Santa Claus is coming to Town” y “Jingle Bells” de James Pierpont.

Todos los temas contaron con arreglos brillantes que transportaron las melodías y acordes populares al universo profuso, diverso y exigente de las partituras clásicas. La mayoría fueron responsabilidad de José Antonio Molina; Ed Calle se encargó de los arreglos de “Jingle Bells” y “Santa Claus is coming to Town”, mientras que el popurrí de merengues fue arreglado por Bienvenido Bustamante.

La sinfónica superó el reto de mantener la excelencia sin descuidar el contagioso gusto de los ritmos populares. El desafío de retener sentadas a 1,500 personas con evidentes síntomas de pasarlo divinamente fue mayúsculo. Esta "fidelidad sonora criolla" se logró con la incorporación de elementos rítmicos tradicionales indispensables: tambora, güira, piano y bajo eléctrico. Virtuosos como Sandy Gabriel, el famoso pianista, trompetista y compositor de jazz cubano Arturo Sandoval, el pianista y acordeonista Leo Pimentel, y el venezolano Ed Calle, fueron clave. El aplauso oportuno y el coro generalizado encontraron rendijas para colarse subrepticiamente, sobre todo cuando la santiaguera Maridalia Hernández, la mejor voz femenina del país, contagiaba con sus sublimes, afinadas y convincentes interpretaciones de “Ella” y “Por amor”, acompañada por las voces angélicas del coro de cámara Koribe.

Permítanme un apunte personal: disfruté en especial la interpretación de “Papa Bocó”, pieza que idolatro desde que la conocí interpretada en el Festival Arte Vivo por el maestro Félix del Rosario y su orquesta. Esta versión sinfónica, con un sincretismo de merengue sublimado por extraordinarios solos jazzísticos, rindió un merecido homenaje a aquel maestro mocano del saxo.

Creía que era el único merengue en escala menor, dada la naturaleza usualmente alegre de este ritmo. El maestro y amigo Rafelito Mirabal confirmó mi percepción, pero me aclaró que otros grandes merengues también se compusieron en tonos menores. La melancolía o tristeza de la escala se transforma en alegría gracias a su ritmo enérgico y contagioso, marcado por una percusión insistente y una estructura musical en 2/4. Esto impulsa movimientos rápidos de pies y caderas, lo que libera endorfinas y conecta con la alegría social de las fiestas caribeñas, todo complementado con una melodía alegre y un baile sencillo de aprender.

Molina no solo nos trajo a sus amigos músicos para deleitarnos; también propició, acaso sin proponérselo, que todos los asistentes nos reencontráramos con dilectos amigos del presente y del antaño, como los ingenieros Félix García, Fernando Rosario, Fernando Puig, Servio Cepeda, Marcos Santana, Saúl Abreu y José D’Laura, entre muchos otros. Igualmente, pudimos saludar a ejecutivos del mecenas auspiciante, el Banco Popular Dominicano, incluyendo a Christopher Paniagua, René Grullón F. y Ricardo De la Rocha. En ese ambiente de camaradería, mi esposa Betty y mis hijos Demian y Fernando José dimos un cálido abrazo a nuestros queridos compadres José Mármol y su esposa Soraya Lara de Mármol.

Una noche inolvidable en el primer Santiago de América… ¡Que se repita!