martes, 29 de junio de 2021

Entre filósofos, lingüistas y literatos

Escuela de Aristóteles. Fresco de Gustav Adolph Spangenberg, 1883_88

 Por Fernando Cabrera

Filosofía, lingüística y literatura constituyen tres formas singulares de aprehender la realidad. La filosofía, desde un racionalismo ontológico, especulativo; la lingüística, a partir de un pragmatismo de raigambre científico que, por ejemplo, sobre los aportes sintácticos de la gramática generativa de Noam Chomsky, hizo evolucionar el concepto de lenguaje desde el ámbito natural al artificial, propiciando el desarrollo de lenguajes de programación como FORTRAN, creado a finales de los cincuenta por la corporación IBM, siglas de International Bussiness Machine, y la tercera, la literatura, entrañablemente simbólica, lúdica y libérrima.

Emprendo esta entrañable tarea de referir algunas dicotomías en torno los conceptos lenguaje y pensamiento atinentes a las disciplinas referidas, sobre la metáfora escrita por Bernardo de Chartres, erudito francés del siglo XII, que refiere a los intelectuales como “enanos parados sobre hombros de gigantes”, con apoyo en dos ilustrativas citas que, a modo de epígrafes, comparto a continuación.

En la primera, tomada de la obra “Pensamiento y Poesía en Heidegger y Hölderlin”, Hans-Georg Gadamer refiere que:

“En este tema está inscrito inconfundiblemente el destino de Occidente. ¿Cómo deberíamos denominar la gran tradición literaria de otras altas culturas? ¿Deberíamos llamarlo poesía o más bien pensamiento cuando habla Buda o cuando un sabio chino intercambia unas palabras sencillas pero profundas con su discípulo? El camino de Occidente y el camino de la ciencia son los que nos han impuesto la separación y la unidad nunca del todo disoluble de poesía y pensamiento. Heidegger habló en repetidas ocasiones, con Hölderlin, de las “montanas separadas” sobre las que el poetizar y el pensar están uno frente al otro. Es bastante sugerente que precisamente esta lejanía también crea proximidad” (Gadamer, 2002).

 

En ese mismo tenor, George Steiner, en su obra Heidegger” considera que:

“Al menos para nuestra época, acaso fuera irreparable la ruptura entre la necesidad humana y el pensamiento especulativo, entre la música del pensamiento que es filosofía y la del ser que es poesía. Gran parte del pensamiento occidental tiene su instauración en la expulsión de los poetas de la ciudad platónica(Steiner, 1999).[i]

 

Lingüística, filosofía y literatura están conectados íntimamente. La filosofía, sobre los conceptos y estructuras idiomáticas, permite indagar acerca de los significados primeros y últimos expresados mediante el lenguaje; incluso, muchas de las búsquedas filosóficas, aun en el presente, están enfocadas a explicar la representación de la realidad a través del lenguaje. Los lingüistas, por su lado, como especifica Julius Moravcsik, en su obra “Comprensión del lenguaje: un estudio de las teorías en lingüística y en filosofía", recurren muchas veces a principios de filosofía para resolver problemas de significado y sintaxis. El vínculo primigenio que existe entre pensamiento y lenguaje puede entonces ser explotado abundantemente para ventajas de ambos lados. (Moravcsik, 1975)

Para el literato, el benjamín travieso de la triada, aplica lo dicho para el filósofo y el lingüista, pero se debe agregar algo de instinto suicida en su definición, en tanto este deconstruye de forma festiva los métodos de ambos a partir de los filtros emocionales (sentimientos, sensibilidad) con lo que aborda siempre la realidad. La literatura, especialmente la poesía, es pensamiento y lenguaje, pero el literato poco ha de pensar en las estructuras con las que canta y menos cuánto de razón o verdad hay en su canto. Al respecto señala José Lezama Lima que: "Al escritor sólo se le puede pedir cuenta de la fidelidad o no a una imagen: de ello depende no sólo su destino sino también su ética". (Sucre, Julio-diciembre, 1975. P.507) De ahí que, el literato al saber de facto antepone ser; no persigue conocimiento relevante ni útil, tampoco lo desmedra; concibe cada ficción, narración o poema, como expresión, aun en paradoja de muerte, del ritmo de la vida.

Lingüistas, filósofos y literatos se hermanan en la materialidad de su interés, el lenguaje. Claro, en su objetivo mayor de expresión de lo humano, esta vez, como en todo lo que es relevante, importan los matices. Interesan al lingüista las formas que adopta el pensamiento en las estructuras del lenguaje, en orden de alcanzar su objetivo de efectividad comunicacional. Para el filósofo, el lenguaje deviene en instrumento indispensable de oficio, en tanto a través de sus recursos se adecuan las ideas, los conceptos, en función de conocer las esencialidades imprescindibles para aproximarse a la verdad.

Asimismo, pensamiento y lenguaje, interior y exterior, concreción y abstracción, devienen en vértices enlazadas por una diagonal emotiva: la experiencia humana sintetizada, trascendida, a través de la literatura. El literato contrario al lingüista procura disgregar las vinculaciones etimológicas, transgredir el significado original para sugerir otros. El literato aspira a conocer causas, como el filósofo, pero opta por las intuiciones y las interrogantes, por palpar visceralmente desde sus emociones, antes que desnudar la realidad ordinaria. No es el significado del discurso, sino su discurrir —la danza, la sola magia de la movilidad, de lo impreciso— lo que seduce y atrapa al literato, como señala Kavafis en su poema Ítaca, le importa el viaje más que el destino:

“Ten siempre a Ítaca en tu mente.

Llegar allí es tu destino.

Mas no apresures nunca el viaje.

Mejor que dure muchos años

y atracar, viejo ya, en la isla,

enriquecido de cuanto ganaste en el camino

sin esperar a que riquezas te dé Ítaca.” (Kaváfis, 1911)

 

La esfera de la literatura es lo humano, de ahí que no le afecte el remordimiento por el fingimiento que alude Nietzsche en su celebrado ensayo titulado “Sobre verdad y mentira en sentido extramoral” cuando expresa que “el hombre usa el intelecto la mayoría de las veces para la simulación. El hombre posee un misterioso impulso hacia la verdad que lo lleva a inventar una designación ‘válida y obligatoria de las cosas’. Pero olvida que él mismo ha creado las palabras y las convenciones sobre los significados de las palabras. /…/ Para Nietzsche, el lenguaje es un sistema arbitrario de designación de las cosas. Toda palabra implica un doble salto metafórico. Toda palabra implica dos traslados, dos metáforas. En primer lugar, se trata del traslado de una excitación nerviosa a una imagen. En segundo lugar, se transforma esa imagen en sonido(Soberón, marzo-junio 2006). Al contrario, cónsono con Nietzsche, lo ha dicho Fernando Pessoa con relación al literato extremo: “el poeta, (a Dios gracias) es un fingidor(Pessoa, 1998). Las trampas circulares que desvelan a filósofos y lingüistas divierten al literato, pues este no construye la realidad, si no que la destruye con recursos figurativos para hacer surgir de las cenizas, fortalecida, la realidad vislumbrada.

Lingüistas y filósofos coinciden en tanto que cualquier sistema de comunicación debe, en orden de ser significativo, incluir alguna forma de representar la verdad adecuadamente. Para alcanzar propiedad al develar los secretos del universo, aspiración de la filosofía, el lenguaje debe conformar un cierto conjunto de especificaciones, de convencionalismos, que prevengan la incertidumbre en todos los niveles. En tanto, muchos de los esfuerzos de los lingüistas están enfocados en demostrar la idoneidad de los sistemas comunicacionales (lenguaje, lengua, habla) y de los filósofos en verificar racionalmente, a través de los sistemas lingüísticos, cada detalle de objeto de interés para alcanzar la verdad absoluta.

Evidentemente, filósofos y lingüistas han de luchar a brazos partidos con problemas de relatividad y disgregación (ambos elementos adorados, objetos de pasión y culto, para el literato), toda vez que su propia fortaleza denotativa descansa en la pluralidad, multivocidad (o mejor, polisemia poética[ii]) que las imágenes, principalmente, metonímicas y metafóricas, entrañan. Así, mientras el problema del lingüista es alcanzar un sistema de símbolos combinados efectivo, en el cual el filósofo pueda discernir los significados y develar relaciones y condicionantes sin confusiones, al literato le basta y sobra con que los signos, significados y relaciones sean conocidos y compartidos por una comunidad de hablantes.

Si bien el literato rechaza la mentira, disfruta en disgregar el error. Se siente cómodo con la imprecisión, pues no persigue tierra firme, sino satisfacción existencial mediante el vuelo imaginativo. Y es que la literatura, y más la poesía, no está concebida —aunque lo contiene— para el conocimiento lógico, ordinario o empírico, sino el trascendente, aquel que anida en la sensibilidad mediante razones, como dijo Blaise Pascal, que la razón misma desconoce.

Las teorías del lenguaje han sido concebidas para explicar las estructuras lingüísticas o como plataformas para el lanzamiento de teorías de pensamiento; en tanto las teorías literarias, que en ocasiones podrían originarse o compartir alguna teoría del lenguaje y también una teoría filosófica, se enfocan más en lo existencial, se ocupan de contener (esta vez como posibilidad o memoria verbalizada), en consonancia con el pensar de Ortega y Gasset, la fragilidad del ser y sus circunstancias (Ortega y Gasset, 1914).

Lo empírico, el estar en el mundo real y concreto, es la fuente primigenia de toda abstracción o especulación, de cada conocimiento o significado, esto es, del lenguaje. Todo novela o poema es enunciación de la experiencia humana. Al margen de lo útil e indispensable, de los enfoques pragmáticos de la lingüística y la filosofía, la mayor aspiración creadora posible en el lenguaje es la literatura y, dentro de esta, la poesía constituye la última frontera de la estética. Mientras el lenguaje constituye abstracción del mundo real, la literatura, esencialidad del lenguaje, contiene, en paradoja, la concreción de la espiritualidad, de la verdad, claro según el ser humano; en palabras de Nietzsche, “la metamorfosis del mundo en los hombres” o bien la “comprensión del mundo en tanto que cosa humanizada” (Nietzsche, 1990).

Cabe señalar que este es un contexto algo aprehensivo —en tanto visión homocéntrica de la concepción regular del lenguaje—, pero corresponde cabalmente al ámbito primigenio y exclusivo de la literatura. El literato celebra lo que al Nietzsche filósofo escandaliza, la relatividad de un sistema referencial que es “eco infinitamente repetido de un sonido original, el hombre; como la imagen multiplicada de un arquetipo, el hombre”. Si no lo estaba, la literatura, pone al hombre en el centro de todo. Cada literato, con las palabras contenidas en sus textos, tiene la capacidad de construir, deconstruir o simplemente, tontear, retando, como sugiere Roberto Juarroz cuando cuestiona: “Es el silencio la puntuación de la voz o es la voz la puntuación del silencio?(Juarroz, 2005, p. 400), con desparpajo el silencio: ¡Allá cada quien con el destino de su verbo!

Mas, al margen del contraste de las tonalidades destacadas, sobra señalar que, de lingüista, literato y filósofo, todos tenemos mucho más que un poco…

 



[i] Steiner continúa diciendo: “En sombrío contrapunto, la negativa de Heidegger a replicar a [Paul] Celan y el poema de allí resultante [“Todnauberg”, publicado en Lichtzwang en 1970] equivalen a una expulsión, a un auto-ostracismo del filósofo que se va de la ciudad del hombre.”.  

[ii] En los libros Seven Types of Ambiguity (1930), Some Versions of Pastoral (1935), y The Structure of Complex Words (1951, William Empson, trata sobre la polisemia poética, en tanto capacidad de poesía de generar múltiples significados. Asimismo, En el ensayo de 1942 “The Language of Paradox,” capitulo introductorio de The Well Wrought Urn (1947), Cleanth Brooks hace similar señalamiento sobre la riqueza esencial de la poesía para dejar fluir la paradoja y la ironía como elementos característicos del lenguaje poético.

 

Bibliografía

Gadamer, H. G. (2002). Los caminos de Heidegger. (A. A. Pilari, Trans.) Barcelona: Herder.

Juarroz, R. (2005). Poesía vertical, (Vol. II). Buenos Aires: Emecé.

Kaváfis, K. (1911). Ítaca.

Moravcsik, J. U. (1975). Moravcsik, J.M.E. Understanding Language: A Study of Theories in Linguistics and in Philosophy. The Hague: Mouton, 1975. Mouton: The Hague.

Nietzsche, F. (1990). Sobre verdad y mentira en sentido extramoral. Madrid: Tecnos.

Ortega y Gasset, J. (1914). Meditaciones del Quijote. Madrid.

Pessoa, F. (1998). 42 poemas. (Á. Crespo, Trans.) Mondadori.

Soberón, F. (marzo-junio 2006). Nietzsche, Borges y Caeiro. Lenguaje y poesía. In Espéculo. Revista de estudios literarios. Num. 32. Universidad Complutense de Madrid. (Vol. No. 32). Madrid: Universidad Complutense de Madrid.

Steiner, G. (1999). Heidegger»,. Mexico.

Sucre, G. ( Julio-diciembre, 1975. P.507). “Lezama Lima: El logos de la Imaginación.”, (Vols. Vol. XLI. Núm. 92-93. ). Revista Iberoamericana.

 

©Fernando Cabrera 

martes, 23 de marzo de 2021

Resonancias emocionales del Concurso de arte Eduardo León Jimenes

 







(Recordando a Danilo de los Santos)

 Por Fernando Cabrera

 

Durante la segunda mitad del siglo XX, el concurso Eduardo León Jimenes fue el principal crisol de talentos de las artes visuales dominicana. Era el evento artístico de mayor nivel competitivo en el país. Las noches inaugurales, de apertura de exposición y veredictos, interesaban a todos los sectores de la sociedad dominicana, aún los regularmente ajenos a las artes y la cultura. Nadie discutía que, en cada bienal, Santiago de los Caballeros se convertía en la capital cultural.

Hasta principio de la década de los 2000, las bases de esta paradigmática bienal convocaban abiertamente a los cultores de todos los lenguajes artísticos, garantizando, como un jurado de nivel mundial, la justipreciación de las obras según su género. Eran épicas las grandes colas de entrega, sobre todo el último día. Reinaba pasión desmedida en quienes, sobre el interés de premios siempre cuantiosos, concursaba sobre todo por urgencia expresiva. Así, en la XIX versión, hubo una participación de cerca de 200 artistas con más de 500 obras, que colmaron todos los salones, pasillos y recovecos del Gran Teatro Cibao. Artistas de diferentes generaciones y géneros creativos concurriendo eufóricos, porque más que ganar era importante “estar”; para que, además de los especialistas, la gente del pueblo que se contaba por millares, viera lo que cada artista realmente “era” capaz de producir, e hiciera su propia valoración al margen del gusto de los jueces de premiación.

En aquellas antológicas muestras fluía a borbotones una dominicanidad intuitiva, de claras raíces idiosincráticas y sincréticas, esto es, arte con marca de origen. Las obras respondían a realidades y ficciones nacionales indiscutidas, expresadas a través de la mirada aventajada y libre de los artistas. Importaba más la expresión personal e inmediata que las tentaciones de representar una globalidad galopante a duras penas entendida. Muchas obras participantes, no sólo las premiadas, por sus singularidades y excelentes facturas, obligaban a exposiciones internacionales interesadas en nuestra singularidad caribeña.

El legado de aquellas bienales era concreto e indiscutible. A partir de siempre voluminosos catálogos se podía hacer un diagnóstico bastante confiable de estado de las artes visuales criollas, pues las estrellas eran las obras y los artistas, no sus teóricos y mercaderes. Creadores, críticos y simple diletantes se enfrascaban en una lucha cuerpo a cuerpo para adquirir un ejemplar impreso de las memorias de la exposición, pues para los primeros constituían un referente de trayectoria profesional a ser incluido en su Curriculum Vitae; en tanto, para los especialistas e investigadores eran ventanas a las tendencias creativas en germinación. De igual manera, para el público general, aquellos eran documentos para el deleite y las oportunas consultas; y para los auspiciadores devenían en constancia imperecedera de un dinero bien invertido en preservar los valores de nuestra nación.

Las bases de entonces convocaban estrictamente el arte de los artistas, sin pautarle temáticas, técnicas o medios. Dicho de otra manera, había diversidad de fondo y forma, fruto del incentivo de una participación artística abierta y espontánea. El artista, siempre reacio a formalidades, no se veía obligado a inventar proyectos para la bienal, mandaba como referente de su arte, lo que mejor hacía. Las obras presentadas correspondían a búsquedas que venían realizando por años en sus talleres, y que definían su estilo en base a los materiales, lenguajes y temáticas resultantes del albedrio creativo.

Con el arribo del nuevo milenio, la filosofía de la bienal cambió. Las últimas versiones, desarrolladas en el contexto del Centro León, ha apostado la especialización. En una transformación radical de propósitos, en vez de obras terminadas, se requieren propuestas formales, proyectos, que implican aprobación previa, planificación, financiamiento y supervisión del proceso de construcción. Los especialistas que antes tenían solo el peso de la evaluación y premiación, lucen empoderados, en control de las fases de construcción de las obras, de una dinámica regularmente lúdica e intuitiva. Esta estrategia, quizás contemporánea o posmoderna, parece haber desconcertado a los participantes habituales; pues, acaso con más voluntad organizativas, inversión y mayores despliegues comunicacionales, la capacidad de convocatoria ha venido en drástico declive. Al margen del día inaugural, las actividades inaugurales y expositivas apenas encuentran eco real en la comunidad de artistas y en los diletantes acostumbrados. Obviamente, quedan las publicaciones impresas que registran los hallazgos estéticos, sin embargo, por la reducción de obras y artistas, que rondan la veintena, se confunden con los catálogos de las exposiciones regulares de la importante institución cultural.

En la 28 versión del Concurso de Arte Eduardo León Jimenes, una obra ha desbordado las paredes del Centro León y, sorprendentemente, ha concitado el interés de los diletantes de la comunidad Santiaguera. El proyecto creativo de Raúl Morilla “Agonía de la memoria”, desarrollado entre las ruinosas estructuras del paradigmático Hotel Mercedes, parece contener efectos catárticos que concilian la rigurosidad selectiva de la modalidad reciente con el fervor democrático de las versiones del siglo pasado. 

Del Hotel Mercedes, Domingo Batista


La atrevida intervención artística más que original (que lo es en nuestros predios), deviene oportuna, masiva y conceptualmente certera. Su provocación arquitectónica, escultórica, monumental y multimedia, recoge el espíritu de lo que al arte público debiera ser: una llamada urgente de atención, una denuncia contundente, un aguerrido atentado contra la indiferencia en torno a una problemática humanística, de interés social generalizado.


Hotel Mercedes, "Agonía de la memoria", Raul Morilla

En la misma aspiración desaforada de Jean Claude y Christo, la efímera instalación de Morillo procura un efecto inverso al recubrimiento o empaquetamiento de estructuras monumentales, edificios áreas públicas preferentemente urbanas, con el que los esposos artistas franceses procuraban silenciar la tridimensionalidad. El artista vegano ha procurado iluminar y sonorizar el edificio ya invisibilizado por la indiferencia de propietarios y organismos gubernamentales llamados a preservarlo. Hay un apropiado reciclamiento material y conceptual, en tanto el artista ha recuperado para ojos y espíritus, las estructuras en ruinas de la obra arquitectónica otrora magistral, reconvirtiéndola en un arriesgado discurso contestatario.

"Agonía de la memoria", 28 Concurso de Arte Eduardo León Jimenes

El mayor acierto de Morilla ha sido descubrir un punto de inflexión latente en el entorno histórico del primer Santiago de América; esa estructura mágica, solemne, que se resiste a la muerte. La mecánica del artista luce vinculadas a las aspiraciones seductoras de los jardines verticales, como el de la fachada del edificio Caixaforum de Madrid, y la iniciativa del Museo del Prado que durante el 2018, año del bicentenario, realizó un replanteamiento visual con la construcción de gigantescos motivos textiles de Velázquez, El Greco, Goya o Ribera que hacían mirar, desde las calles y los jardines, el interior del santuario del arte, mientras la fachada real de museo era sometida a un proceso de cura de la licuación de su capa exterior de granito. Los técnicos del Prado vistieron de arte aquellas paredes que precisaban urgentemente una restauración, en tanto Morilla ha creado una ilusión de glamour recuperado audiovisualmente para llamar a la atención hacia el hermoso edificio agonizante.

El hotel Mercedes, construido por Enrique García Gómez y su hijo Romualdo, inaugurado el 1 de diciembre de 1929, encarna el espíritu emprendedor de los santiagueros. Su estructura material-espacial, elegante floreada, refleja la ideología del entorno humano, la conciencia de una sociedad pueblerina con aspiraciones capitalistas, desarrollistas, mundialista. De ahí las habitaciones de lujo, el amplio restaurante en la primera planta y la emisora Radio Cibao en su carta planta, en el mismo corazón de la capital de la provincia más provincia, en el decir de Eugenio María de Hostos. Este hotel fue símbolo de Santiago antes que el fálico monumento erigido originalmente a la paz de Trujillo. Increíblemente, lleva más de cuatro décadas inexplicablemente abandonado, cuando su restauración podría constituir un factor clave para la recuperación del Centro Histórico.

Con audacia Morilla, cónsono con el Borges del poema “Casi juicio final”, ha visto con asombro lo que otros con costumbre. La ejecución de su proyecto acaso valida las bondades de las estrategias preconcebidas y direccionadas de las nuevas bases de la bienal, pero también alerta sobre la necesidad de que estos reflejen válidamente la necesidad de representación de la sociedad y sus circunstancias.

En ese sentido, celebro que el certamen más importante de iniciativa privada en América Latina, haya recuperado su eco en la comunidad que la genera. El paso siguiente, al que aspiran la mayoría de los creadores dominicanos es lograr que las convocatorias se liberen, como el caso del famoso cetáceo hollywoodense, y se recupere el amplio portafolio abandonado en el que se permitan, además de los proyectos creativos, la competencia en los diversos géneros de las artes; que se apueste al albedrío creativo, de modo que los artistas puedan participar con sus obras características como antes, con las que cotidianamente producen en sus talleres, sin supervisión de curadores ni terceras personas ajenas a sus sensibilidades.

©Fernando Cabrera




 

 


viernes, 26 de febrero de 2021

Homenajes a Johnny Pacheco, 2004. Una aclaración necesaria

Maestro Johnny Pacheco y Dr. Príamo Rodríguez

En Arte Vivo y Casa de Arte agradecemos al profesor y teatrista Lincoln López el respaldo que, en diferentes ocasiones, siendo director del Gran Teatro Cibao, nos prestó al facilitarnos espacios para la organización de algunas de las actividades siempre gratuitas de nuestro festival. Sin embargo, entendemos necesario hacer algunas precisiones en torno a su artículo “Johnny Pacheco: Magister Populi”, publicado en el periódico La información, el 25 de febrero, de cual cito los párrafos siguientes:

“La Universidad Tecnológica de Santiago (UTESA) había comenzado la docencia de su primer ciclo 1-2004 (enero-abril) cuando los medios de comunicación informaban al país sobre la visita a su ciudad natal, Santiago de los Caballeros, de un gran artista popular de fama internacional y una figura fundamental de la música latina: Johnny Pacheco. 

En esa época quien esto escribe, ocupaba la Dirección del Departamento de Arte y Cultura de UTESA, y consideré la opción de presentar algún tipo de reconocimiento, de aprobarse por parte de la universidad, podría sumarse al programa de homenajes dedicados a ese carismático y talentoso flautista, director de orquesta, productor y compositor que, siendo un niño de 11 años, tuvo que dejar su barrio de ¨Los Pepines¨, para acompañar a su familia Pacheco-Kniping como emigrante a la ciudad de Nueva York." 

Cuando en la rueda de prensa del festival, realizado en esa ocasión con los auspicios de Industria de Tabaco León Jimenes y Banco Popular Dominicano, en calidad de presidente de la comisión organizadora, anuncié la primicia de la dedicatoria del festival al legendario Johnny Pacheco, ya habíamos informado al artista que se le otorgarían diferentes reconocimientos, entre ellos el de Magister Populi, la declaratoria de Hijo Distinguido de la ciudad de Santiago, y los conciertos a realizarse en Centro León y en Los Pepines, como parte de la motivación para que nos acompañara, después de varias décadas de ausencia. 

Enfatizo que, al notificar al maestro Pacheco, ya contaba con la autorización de la universidad, gracias al cordial respaldo de doña Ingrid González de Rodríguez quien me facilitó una reunión con el Dr. Príamo Rodríguez. El generoso emprendedor, siempre abierto a iniciativas en beneficio de la comunidad, se encargó personalmente de motivar nuestra solicitud en las diferentes instancias de UTESA. Obviamente debió discutirlo con Lincoln López, dado su puesto de director del Departamento de Arte de dicha Universidad.

Para la ceremonia de entrega del Magister Populi, Don Príamo Rodríguez, fanático de la Salsa y admirador de Johnny Pacheco, me invitó cortésmente a ocupar un puesto en la mesa principal; y después, en compañía de doña Ingrid, nos honró con su presencia en el acto celebrado en Centro León.
Lidia León, Johnny Pacheco y Fernando Cabrera

Posteriormente, asumimos el compromiso de motivar como Casa de Arte, ante la Asociación de Cronistas de Arte, la postulación del maestro Johnny Pacheco para que le fuese otorgado el máximo reconocimiento de los Premios Casandra. Sus directivos nos informaron la necesidad de que los artistas postulados se encontrasen presente el día de la premiación. En el 2009, gracias a los esfuerzos de la escritora Marivel Contrera, entonces presidente de Acroarte, fue posible la entrega del Gran Soberano a esta gloria santiaguera. 

En fin, una simple aclaración. El dolor de la partida del maestro Pacheco nos hace responsables, a todos sus admiradores, de preservar su memoria, de hacer que su música no muera. En ese sentido, toda mención, aún inexacta, es válida. 

Debajo, enlace al artículo de Lincoln López: 

miércoles, 12 de agosto de 2020

DON PRÍAMO RODRÍGUEZ, SEMBRADOR DE ESPERANZA



Don Príamo e Ingrid Rodríguez, autoridades de La Información y Danilo de los Santos
 

Mi primer contacto con Don Príamo Rodríguez fue a raíz de la gestión que a nombre de Artevivo, el festival de los Artistas, encaminamos para que el legendario músico, oriundo de la calle Cuba de la popular barriada de Los Pepines, Johnny Pacheco, creador de la Fania All Stars y del ritmo salsa, recibiera un doctorado honoris y causa a través de la Universidad Tecnológica de Santiago. Contábamos con la solidaridad de doña Ingrid González de Rodríguez, lo cual facilitó que don Príamo asumiera con entusiasmo nuestra solicitud y propiciara que el 22 de abril de 2004, le fuese otorgado en un hermoso y solemne acto, a Pacheco el título de “Magister Populi”. Fue el inicio de muchas y frutíferas colaboraciones, especialmente a través del periódico La Información, gracias a la mente abierta y soñadora de don Príamo que, antes de pensar en el dinero evaluaba el beneficio para la sociedad de cada proyecto. Sus colaboraciones no solo fueron con Casa de Arte, sino que abarcó iniciativas de otras instituciones culturales como la Alianza Cibaeña en donde, de manera callada, cuando se cayeron patrocinios privados y estatales, asumió el respaldo de su concurso nacional de literatura.

Don Príamo Rodríguez entrega título Magister Populi a Johnny Pacheco

Muchos se preguntan por qué el éxito de su principal empredurismo, la Universidad Tecnológica de Santiago. Pues, la respuesta no puede ser más simple, haber pensado en el futuro de la gente. Preocuparse por los miles de jóvenes egresados de la secundaria que no contaban con el aval económico para acceder a la educación universitaria privada de entonces y tampoco para desplazarse desde las provincias a la única sede de la UASD, en Santo Domingo; a la necesidad impostergable de empezar de empezar a trabajar en cualquier cosa para aportar al sustento familiar. Conocedor en carne de los esfuerzos y sacrificios necesarios para la superación personal, supo avizorar la oportunidad de servir a esos estudiantes de escasos recursos que se resistían a abandonar sus sueños académicos, desarrollando desde la nada una opción nocturna asequible. Su acertado emprendimiento y visión, pronto lo empujó a desparramar por toda la geografía nacional la entonces embrionaria universidad UTESA, hasta convertirla en la asombrosa realidad corporativa de hoy, en que muestra una población estudiantil universitaria que compite en cantidad y calidad con las ofertas de la universidad estatal, y opaca con su éxito la rentabilidad de las demás opciones educativas privadas.

Una vez consolidada UTESA, el genio creativo de oportunidades de negocio de don Príamo lo llevó a nuevos y arriesgados emprendimientos, diversificando su capacidad productiva por diferentes derroteros gestionado pioneros proyectos agroempresariales diversos, incursionando en los sectores inmobiliarios, hoteleros, de salud privada e industriales, con inusitados resultados positivos gracias a su fuerza de carácter, constancia y honradez a toda prueba.

Me fue de grato conocimiento enterarme de su propia boca en la última reunión que sostuvimos para discutir el cambio a formato tabloide del centenario periódico La Información que tuvo el buen juicio de preservar para orgullos de los santiagueros, la noticia de que el complejo de zona franca Caribe Industrial Park, en el cual me desempeñé por más de un lustro como director de tecnología de información, había sido adquirido por don Príamo, y de que en la actualidad sirve de base para el más preciado de los proyectos en desarrollo de este visionario, el de desarrollar, en base a paneles solares, una alternativa energética ecológica con capacidad de suplir toda una región. Este proyecto nace de la personalidad quijotesca, utópica, de Don Príamo, recogida en plenitud en una última obra ensayística titulada “Reflexiones sobre el medio ambiente. República Dominicana” en la que documenta ampliamente la situación del aval ecológico nacional y nuestra riqueza hidrográfica, con análisis de problemas ambientales y atinadas propuestas de solución.

Su interés social se puso de manifiesto al asumir el quijotesco reto de culminar el frustrado proyecto estatal de un centro de convenciones, aportando cerca de mil millones de pesos, a sabiendas de que no serían recuperados. De esta casi suicida iniciativa surgió el hoy Centro de Convenciones y Cultura Dominicana UTESA, sin dudas uno de los más ambicioso y esplendoroso proyecto cultural multidisciplinario del Caribe. No me extrañaría que, al constituir este su mayor aporte filantrópico a la sociedad dominicana, esta institución sea, oportunamente, renombrada en su honor.

Como se aprecia, Don Príamo, tiene el mérito de crear fortuna económica a partir de un esfuerzo transparente siempre solidario con las mejores causas y los más valores éticos. Sus logros también se aprecian en el ámbito privado, al legarnos una familia modélica que sabrá preservar y hacer crecer sus logros. Sobre el ejemplo personal de una vida recta y productiva, apoyó la formación y el crecimiento profesional de su esposa, doña Ingrid, y apostó a una educación académica de primer orden a sus hijos Lily, Frank, María Jesús y Melany, capacitándolos para afrontar unidos los retos y las muchas obligaciones de la corporación fundada. Están preparados y con la experiencia para seguir ofreciendo los servicios de calidad que nuestro país tanto necesita.

Ido a la luz, don Príamo Rodríguez, está destinado a permanecer en el afecto y en la memoria de quienes lo conocimos, pero, sobre todo, en el legado de sus esfuerzos convertidos en instituciones invaluables para nuestra nación. Al final, un solo lamento. ¡Qué pena para nuestro país que nunca se postulara para presidente! Su biografía es la de un líder real.


viernes, 19 de julio de 2019

LIDERAZGO DE CASA DE ARTE Y ARTE VIVO (En el contexto del encuentro CIDEU 2019: Ciudad, Cultura Y Agenda 2030)




Casa de arte, Inc. emerge en la década de los ochenta en medio de un ambiente en el cual aún se asistía a las circunstancias políticas difíciles de consolidación de la democracia dominicana.



Tras el golpe de Estado de Juan Bosch en 1963, la Revolución de Abril y la segunda invasión militar estadounidense se impuso un régimen de gobierno autoritario encabezado por el Dr. Joaquín Balaguer que se prolongó hasta 1978, cuando fue confrontado por una generación emergente organizada en el Partido Revolucionario Dominicano. En los doce años de gobierno del Dr. Balaguer primaba un ambiente de restricción de la actividad creativa, en tanto la juventud había tomado las actividades artísticas como vehículo para la expresión de las demandas sociales. La actividad cultural se realizaba casi clandestinamente, naciendo en los ambientes capitalinos, desde el claustro de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, primada de América, y motorizada por activistas afiliados a ideologías de izquierda, a través de los centros educativos secundarios, los clubes barriales y desde los centros comunitarios regularmente afiliados a iglesias católicas. 

Paradigmáticos de esos años fueron los 6 encuentros o conciertos de la Nueva Canción Siete días con el pueblo, realizado del 25 de noviembre al 1 de diciembre de 1974, en Santo Domingo y Santiago, con la participación de figuras internacionales señeras y lo más aguerrido de la juventud dominicana que había sobrevivido a la violencia ejercida por organismos de poder herederos de las peores practicas trujillistas.

En estos conciertos se contó con la participación de los argentinos Mercedes Sosa y Bernardo Palombo, los boricuas Danny Rivera, Antonio Cabán Vale (El Topo), Lucecita Benítez y Estrella Artau, los cubanos Silvio Rodríguez y Noel Nicola, los españoles Víctor Manuel y Ana Belén, el catalán Francesc Pi de la Serra, el grupo venezolano Los Guaraguao, el mexicano Guadalupe Trigo y el uruguayo Roberto Darwin; así como de los dominicanos: el Combo Show de Johnny Ventura, Los Virtuosos de Cuco Valoy, Expresión Joven, el grupo Nueva Forma, Convite, Presencia Generación y Alta Voz.

Punto luminoso, en aspectos culturales, de la gestión de doce años del Dr. Joaquín Balaguer fue el desarrollo de infraestructura física para albergar el ejercicio formal de las artes tradicionales. A la Escuela Nacional de Artes Plástica, fundada en 1942, y el Palacio de Bellas Artes, en 1956, por el generalísimo Trujillo, Balaguer agregó la Plaza de la Cultura Juan Pablo Duarte, para albergar el Teatro Nacional Eduardo Brito (1973), el Museo de Historia Natural (1974), el Museo del Hombre Dominicano (1976), el Museo de Historia y Geografía (inaugurado en 1982), el Museo de Arte Moderno (1976), la Biblioteca Nacional (1971) y la Cinemateca Dominicana (1979).  Todas instituciones de dimensiones y calidad mundial, con las cuales la ciudad capital centralizó el crecimiento cultural nacional.

A esta iniciativa gubernamental se sumaron otras auspiciada por la presencia diplomática internacional, como las de las Alianzas Francesas, de dilatada presencia en el país (desde 1914 en Santo Domingo y desde 1966 en Santiago), los Centro Dominico-Americano (1942, Santo Domingo, Santiago, 1962) el Instituto de Cultura Hispánica, al cual en  1976 el Estado Dominicano cedió, para su sede, el Colegio Gorjón, que desde 1987 cambió su denominación a Centro Cultural Hispánico primero, y al actual nombre de Centro Cultural de España en Santo Domingo.

En Santiago de los Caballeros, la formación artística gubernamental descansó por muchos años en la Escuela de Bellas Artes (1931). En tanto que fungían como paradigmas de la educación y gestión cultural no gubernamental las longevas Sociedad Ateneo Amantes de la Luz, fundada en 1874, primera biblioteca pública del país, la Sociedad Cultural Alianza Cibaeña, fundada en 1882, el Archivo Histórico de Santiago (1958), el Museo Folclórico Don Tomás Morel y la hoy Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra, fundadas ambas instituciones en 1962.

Como se aprecia, para los artistas consagrados existían múltiples opciones para desarrollar y socializar sus producciones creativas. Sin embargo, había poca receptividad para que los creadores emergentes, portadores de vanguardias e ideas revolucionaria, pudiesen acceder a esos espacios y recursos. Otrora, montar una exposición, dictar una conferencia o presentar un libro constituía aventura de alto riesgo. Hasta mediado de los setenta, con la fundación de la institución privada sin fines de lucro Casa de Teatro, en Santo Domingo, las oportunidades eran mínimas. Inspirada en la misma actitud que motivo la fundación de esta institución que era: apoyar a que intelectuales y artistas jóvenes fuesen creando las hojas de vida que le requerían las instituciones formales mencionadas como requisito indispensable, también se fundó en 1983, Casa de Arte.  La iniciativa fue de académicos, artistas e intelectuales independientes que habían sufrido en carne las inevitables exclusiones.

Ya en una labor que se aproxima a los cuarenta años, Casa de Arte, aun con precariedades, mantiene sus puertas abiertas en actividades mayormente gratuitas. De hecho, como casa dirigida por artistas para artistas, se ha consolidado como modelo a partir del cual se ha dinamizado la socialización de las actividades culturales espontáneas del país.


En ese mismo espíritu, un grupo de jóvenes egresados de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra, nos cohesionamos alrededor de esta Casa de Arte, para propiciar, el 21 de marzo de 1987, el Festival Internacional Arte Vivo. Un evento que, dada la multiplicidad de expresiones culturales y la movilidad de miles de diletantes, sólo es comparable en el Caribe a las Fiestas de la Calle San Sebastián, que se celebra en fines de semanas consecutivos en Puerto Rico, y con el evento artístico, académico y de espacios comunitarios que, desde 1981, acontece en la ciudad de Santiago de Cuba, en la primera semana del mes de julio. Pero, en tanto los eventos de Puerto Rico y Cuba han sido asumidos por la municipalidad, los ministerios y organismos gubernamentales correspondientes dominicanos no ha asumido a ArteVivo; todavía, tres décadas después, el festival cultural más importante del país depende exclusivamente del esfuerzo de las instituciones culturales y de los artistas, con la colaboración de empresas privadas; ocasionalmente, y no en las últimas gestiones, el Estado y la Alcaldía, han colaborado tímidamente.

Desde su primera entrega, Arte Vivo ha fascinado, por su singularidad. A partir de una formulación experimental, sinérgica, al modo de aquel histórico concierto de la década del sesenta Woodstock, se ha creado en el marco de la antes tradicional ciudad santiaguera una coincidencia generacional de propuestas artísticas únicas y arriesgadas.

Fundadores Arte Vivo 1987
Arte vivo consiste en la comunión de la belleza y la creatividad de los artistas en contacto íntimo y directo con el pueblo. Música, poesía, pintura, fotografía, cine, danza, teatro, artesanía, ballet y autenticidad en el instante mismo de su concepción. En Arte vivo se empapelan paredes y techos, se habitan los vacíos de esos hogares de arte que son corazón, se cierran las calles, se colonizan los parques y plazas, se potencian los sentidos y se desnuda el alma. 

No hay en el país otra expresión de creación abierta como esta, de celebración continua por aproximadamente dos semanas. La celebración sabatina final en la Benito Monción, nombrada por la Alcaldía en el 2003, por el éxito de este evento, Calle de los Portales de los Artistas, abarca más de 16 horas de paroxismo estético colectivo, en dinámica que, salvo la evidencia en el celuloide fílmico o en la magia digital, apenas pierde vigencia material metamorfosea en inefable memoria.



Al respecto Dagoberto Tejeda, en su Libro Guía de las festividades de la cultura popular dominicana y símbolos nacionales, paginas 171-172, Ediciones INDEFOLK, Megabyte, Santo Domingo (2010), que ArteVivo:

“constituye el evento más completo y trascendentes de todos los festivales que se celebran en el país. //Charlas, cursos, talleres, presentaciones artísticas, folklóricas, muestras de artes plásticas, de música, de danza, de canto, exposiciones de libros, afiches, pinturas, esculturas, etc. se realizan y presentan en este festival cuyos escenarios son las calles, los parques, las plazas y los barrios de Santiago de los Caballeros. ¡Durante esos días Santiago se convierte en la capital de la cultura popular del país!”


De hecho, a partir del 2004, con el merecido homenaje a los siete hermanos León Asencio, en los cien años de fundación del Grupo León Jimenes, Arte Vivo alcanzó su consolidación al incorporar como sedes y co-organizadores a las principales instituciones culturales gubernamentales y privadas del país.

Hermanos León Asencio, Johnny Pacheco y Príamo Rodríguez

También en el 2004, con la cooperación del Instituto de Cultura Puertorriqueña, de Helvetas (la asociación suiza para el desarrollo) y el Instituto de Cultura Hispánica, se inició la internacionalización del festival, hasta convertirse en referente en el ámbito caribeño, celebrando tanto la dominicanidad, a través de todas las manifestaciones del arte, el folclor y la cultura, como propiciando la integración solidaria con las naciones vecinas. Importante fue el soporte que brindaron el Banco Popular Dominicano y la recién formalizada, en el año 2000, Secretaría de Estado de Cultura,  en la gestión encabezada por José Rafael Lantigua, en el segundo gobierno del Dr. Leonel Fernández Reyna.

Hasta la fecha, hemos recibido delegaciones de Estados Unidos, Puerto Rico, Cuba, Haití, Guadalupe, Francia y Suiza. Contando con figuras mundialistas como: Johnny Pacheco, Pablo Milanés, Frank Étienne, Andy Montañés, Amaury Pérez y Danny Rivera. De más está señalar que, en cada versión, se integran al siempre profuso programa de actividades los principales intérpretes, músicos, literatos, teatristas, artistas visuales y folcloristas dominicanos.

Pablo Milanés, Andy Montañéz, Danny Rivera, Amaury Pérez
Nos sorprendió gratamente que, en los resultados de los diagnósticos realizados por el Consejo para el Desarrollo Estratégico de Santiago, de febrero de 2016, los representantes de las instituciones culturales y los actores principales de la gestión cultural local consideraran a Artevivo como el proyecto cultural de mayor prioridad. Así reza en el acápite 7.4.6 de la Agenda de Cultura para el Desarrollo 2020, en la pág. 294, en el cual reconoce la importancia estratégica de este festival para continuar expresando la: “identidad, sincretismo y diversidad de todas y todos los animadores socioculturales.”

La referida agenda muestra el rico inventario de activos culturales que posee Santiago de los Caballeros, los cuales resultan envidiables para cualquier ciudad del mundo. Disponemos del impresionante Monumento a la Restauración, del Gran Teatro Cibao, el cual es una construcción gemela de nuestro Teatro Nacional; asimismo, en estado germinal tenemos una plaza de la cultura que encabezan El Centro de la Cultura Ercilia Pepín y el Palacio Consistorial; tenemos un teatro y un anfiteatro fenomenal en la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra; asimismo, flamantes instituciones de reciente creación como la Treinta y siete por las Tablas, Centro León, fundado en el 2003, y el impresionante Centro de Convenciones de Cultura Dominicana UTESA, con más de 12,000 metros de construcción que apenas arriba a su primer año.

Con un mayor compromiso de entidades gubernamentales y edilicias convertidas en reales mecenas, seguro aprovecharemos la oportunidad latente de convertirnos en meca de la industria cultural dominicana y, con ello, en honroso e imperdible destino de turismo cultural. Afortunadamente, son positivos los vientos que soplan en este sentido, pues nos han traído este importante evento en los cuales se profundiza en la importancia de la cultura en las ciudades de Hispanoamérica que ustedes representan.   



Es indudable la vocación cultural generalizada entre los ciudadanos de este primer Santiago de América, segunda ciudad en importancia del país, pero con perenne aspiración de primera, tanto que ha sido dos veces capital de la República, una el 7 de diciembre de 1857 y, otra, el 14 de septiembre de 1863. Lo cierto es que, por los atractivos contagiantes de nuestra idiosincrasia, en Santiago, como en Arte Vivo, la indiferencia no está permitida.


* Centro Iberoamericano de Desarrollo Estratégico Urbano (CIDEU), es una asociación de ciudades iberoamericanas integrada por 154 miembros: 125 ciudades, 27 instituciones colaboradoras y 2 miembros de honor. CIDEU tiene por finalidad promover la manera estratégica de pensar en los procesos de diseño y gestión de proyectos urbanos para lograr el desarrollo sostenible de las ciudades.